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Sainte-Chapelle

  • sacred
  • 4.7
  • Precio: €13
  • Horario: 09:00 - 17:00
Cómo llegar
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Historia

El rey Luis IX, canonizado más tarde como San Luis, mandó construir la capilla entre 1242 y 1248 para albergar la Corona de Espinas y otras reliquias de la Pasión de Cristo, adquiridas a un coste extraordinario al empobrecido emperador latino de Constantinopla —una suma, según se dice, superior al propio presupuesto de construcción de la capilla. Custodiar reliquias de tal categoría exigía un edificio a su altura, y Luis quería que estuviera terminado con rapidez.

Esa rapidez fue posible gracias a un innovador sistema estructural que trasladaba la carga del edificio a esbeltos contrafuertes exteriores y varillas de hierro, liberando casi por completo los muros de la capilla superior para dar paso al vidrio en lugar de la piedra. El resultado son quince vidrieras que se elevan hacia el cielo, cerca de dos tercios de ellas con vidrio original del siglo XIII, que narran más de 1.100 escenas bíblicas desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

¿Sabías que...?

La capilla se construyó en dos niveles pensados para dos públicos muy distintos: una capilla baja, más modesta, para el personal de palacio y la guardia, y una capilla alta, a la que se accede por una estrecha escalera de caracol, reservada únicamente al rey y su corte. De pie en la capilla alta en un día soleado, envuelto en luz de colores, resulta fácil comprender por qué los visitantes medievales vivían aquel ascenso como un tránsito de lo terrenal a lo divino.

La capilla no atravesó los siglos indemne: durante la Revolución sus reliquias fueron dispersadas y su aguja derribada, y buena parte de lo que hoy ven los visitantes, incluida la aguja actual, es fruto de una minuciosa restauración del siglo XIX y no una obra medieval intacta.

Bueno saber

La Sainte-Chapelle se encuentra dentro del complejo del Palais de Justice, en la Île de la Cité, a poca distancia a pie de Notre-Dame, lo que facilita combinar ambas visitas. Como comparte el recinto con un tribunal en activo, hay que contar con un control de seguridad al estilo aeroportuario antes de entrar, así que conviene reservar algo de tiempo extra.

Las vidrieras son la verdadera razón de la visita, y su efecto depende casi por completo de la luz natural, así que conviene elegir un día soleado si el itinerario lo permite, porque en una mañana nublada las ventanas se ven notablemente más apagadas. Las entradas pueden reservarse online con antelación para evitar parte de la cola.